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Revista de Misionología


CELEBRANDO 50 AÑOS

DE PRESENCIA DE SVD EN EL ECUADOR

 

 

En vísperas de la celebración de cincuenta años de presencia y trabajo misionero de la SVD en el Ecuador, queremos hacer un breve recorrido histórico desde 1962, cuando se comenzó en el colegio de Guaranda hasta la fecha actual. Es importante recuperar nuestra memoria histórica, para conocer mejor el recorrido de nuestra provincia y saber valorar y apreciar los esfuerzos de todos nuestros misioneros en sus diferentes lugares de trabajo y responsabilidades. Al hacer este camino nos apoyamos en testimonios de diferentes cohermanos y personas que de alguna manera estuvieron vinculados con nuestra labor apostólica, diferentes documentos y escritos.

 

La primera y corta presencia de la SVD a finales del siglo XIX en el Ecuador (1893-1899). Un comienzo muy difícil, con sabor a fracaso

 

Nuestra presencia cincuentenaria actual en el Ecuador tiene unos antecedentes en el siglo XIX, cuando dos misioneros fueron enviados a la diócesis de Portoviejo (Manabí), en el tiempo de la revolución liberal. Fueron los Padres Enrique Neuenhofen de 30 años edad y Enrique Pierlo de 25 años de edad. Salieron el 9 de octubre de 1893 desde Steyl pasando por Inglaterra. Llegaron a Portoviejo el 14 de noviembre y a Bahía de Caraquez el 16 de noviembre de 1893. Mons. Pedro Schumacher, lazarista alemán, era el obispo de Portoviejo; durante 1893 visitó Steyl y Roma para entrevistarse con el fundador, con el propósito de pedir la colaboración de los misioneros SVD en su diócesis, que tenía pocos sacerdotes y muchas necesidades. Después de mucha insistencia logró convencer al fundador, al Procurador general P. Blum y al Prefecto P. Hermann Wegener, para que le acompañasen los dos primeros misioneros. El P. Enrique Neuenhofen fue designado como superior de esta nueva misión y responsable en mantener la comunicación nutrida con el Fundador en Steyl. Varias cartas de contestación por parte del Fundador se encuentran en: Cartas de Arnoldo Janssen a América Latina, Tomo I (1890-1899), editadas y comentadas por el P. Josef Alt en el año 1992. De esta correspondencia se nota la gran preocupación del Fundador por la sobrevivencia, la salud y la vida espiritual de los misioneros. El obispo Schumacher, durante las conversaciones con el Fundador en Steyl se había comprometido de velar por la manutención y los diferentes gastos de los misioneros. Pero parece que este acuerdo no siempre se pudo cumplir, seguramente por la situación cada vez más crítica y anticlerical en la diócesis. El Fundador, en su primera carta del 7 de febrero de 1894, le pide especialmente al P. Neuenhofen cuidar al P. Pierlo, todavía muy joven, pero con un gran espíritu misionero; que sea su admonitor y consejero. El P. Neuenhofen informó al Fundador que él estaba trabajando en el seminario diocesano y el P. Pierlo en la parroquia de Chone. La idea del fundador fue que apenas que hubiese el tercer misionero disponible para esta misión, se comenzase a erigir  en Chone o más al norte de la bahía un sanatorio con una “plantación colonial”, pensando en el auto sustento de la misión y de los misioneros.

 

 

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